
La obra de Oscar Rodríguez se ha de entender desde el amor al mar. A un mar voluble y caprichoso como es el Cantábrico, imposible de dominar o encasillar, pero capaz de regalar cada día a sus fieles admiradores los tesoros que guarda en lo más profundo de su alma.
Estos tesoros son los que recoge Oscar Rodríguez para vestirlos con la nobleza del oro y otros materiales preciosos, dándoles una nueva y eterna vida.